Eso de empezar el día del santo de uno a las ocho y media, con una fruta en el cuerpo y medio en pelotas (para nadar, no me sean mal
¡Feliz día del libro a todos!
P.D.: En la próxima actualización hablaremos de cine. Prometido.
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Mejor sabor de boca dejó la segunda de las películas que comento aquí, vista anoche en el Teatro Cervantes, con un poco más de glamur que en el resto de cines donde se proyectan pelis del Festival (el Albéniz y el Alameda a duras penas dan la talla para un festival). Pagar el doble es lo que tiene: aunque uno no entre por la alfombra roja, puede ver de cerca a los famosos (aunque ayer había mucha cara de gente de la tele), ver el ambiente del Teatro por dentro, el escenario para la entrega del Premio Eloy de la Iglesia y demás chorradas festivaleras que a un servidor le encantan.
Seguimos con las impresiones de la undécima edición del Festival de cine. La primera de las películas que he visto, Bienvenido a Farewell-Gutmann, me dejó con una mezcla de sensaciones. De una parte, es una película bien hecha, con un desarrollo del argumento más interesante de lo que a priori prometía la sinopsis y unas interpretaciones correctas. De otra, en ocasiones se hace especialmente lenta (lo que no quiere decir que no se haya hecho de forma premeditada), el ambiente es excesivamente sórdido y los parecidos con El método Grönholm son bastantes (no es que sea ni plagio ni inspiración, sino que esto deja la impresión de que estamos ante algo ya visto anteriormente).
es, en mi caso también, lo primero. No los conocía de antes o, por lo menos, no tenía constancia de conocerlos. El caso es que una canción, Psychotic Girl, de su último disco, Attack and Release, escuchada el viernes pasado en un programa de KCRW (emisora de la que hablaremos un día de éstos) me llamó tanto la atención que hizo que me informara de ellos. De ahí, a Hypem.com (pendiente queda también una actualización) y, de ahí, a "comprarlo" y a disfrutarlo. 


que un solomillo de buey a la salsa de enebro para celebrar un aprobado en un examen. Y si se acompaña de un timbal de centollo, una lubina a la parrilla y un pastel de turrón, mejor. Y mucho mejor si el día acompaña y el marco, la Escuela de Hostelería de La Cónsula, también. De este mensaje, queridos lectores, se desprende que aprobé el jueves pasado. ¡Muchas gracias por los envíos de energía positiva!
Así estoy desde hace un par de horas. Mañana me examino, por fin, de lo mío, y estoy ya deseando, por una parte, que llegue el momento, por otra, que no llegue y, por otra, que pase. El caso es que me espera una tarde ajetreada, porque son varias las cosas que me quedan por preparar para mañana y poco el tiempo de que dispongo. Y lo que llevo peor, como algunos saben, es el número del trapecio, que parece ser que se me ha atragantado, así que me marcho a ensayar un poco.
Desde ese momento hasta abandonar la pubertad, no hubo cumpleaños, santo ni Reyes en el que no se acordaran de "mi colonia 'favorita'". Lógico, llegué a aborrecerla, pero terminé haciéndome con el kit completo, que incluía la colonia de marras, el desodorante, after shave (para qué querría yo uno con la poca barba que tenía) y su neceser y todo.
No, no es que se me hayan liado los dedos al escribir, es que el grupo de llama así. ¿Y quiénes son ellos? Pues yo os lo explico. Son un grupo de Colorado (Estados Unidos), que empezaron tocando en bodas y han terminado haciendo casi toda la banda sonora de Pequeña Miss Sunshine (cada loco con su tema: por cierto, yo lo habría traducido como Miss Sunshine Infantil, pero eso es otro tema). Pues bien, los buenos de Devotchka sacan ahora disco nuevo, así que qué mejor ocasión que ésta para aprovechar y hablar un poco de ellos aquí. Y poner un programa donde el Iconoclasta Cansino, por eso de que más vale un mp3 que mil palabras. Así que, si quieren escuchar una docena de buenas canciones, vayan a http://iconoclastacansino.podomatic.com/, denle al botón «Play» y déjense llevar por el buen hacer de Nick Urata & friends durante cincuenta minutos.
Una breve incursión en el ciberespacio para esperar, queridos lectores, que la Navidad haya sido tan Feliz como merecen y que no se haya cobrado sus primeras víctimas gastronómicas (yo ando al borde de la saturación alimenticia) y que lo que queda de 2007 no sea más que un anticipo de toda la felicidad y los buenos momentos que han de venir en 2008.
Uno no es, la verdad, de mancharse excesivamente. Pero, si me tengo que manchar, claro, tiene que ser siempre o cuando estreno algo o en el día de la semana que más tarde llegue a casa, para poder lucir la mancha durante más horas.